Suenen las campanas: se concederá permisos de residencia a quien lleve dos años y prometa hacer una formación; el contrato podrá ser real, y no carrera de obstáculos; el arraigo laboral se racionalizará después de una instrucción que mejor olvidar; los familiares – mejor dicho, los españoles que tienen familiares extranjeros – verán reconocidos sus derechos sin requisitos absurdos. Y
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